miércoles, 16 de diciembre de 2009

El rey tuerto

EL REY TUERTO

El rey, solía gobernar en este tablero salomónicamente, pero ha perdido todo signo de coherencia que había en él. Es el único que no se ha dado cuenta de la situación actual de lo que solía ser su reino, donde piezas blancas y negras convivían en paz.

Ahora, se han corrompido y dividido por los intereses de las torres y alfiles, aunque también los enroques del mismo dueño del tablero, lo han apartado de la realidad. Está loco, las decisiones que toma van en contra de sus fichas, algunas, como el caballo negro se han cuenta y comienzan a prepararse para disputarle el poder al rey.

El enorme tablero actual se encuentra casi vacío, es cierto, aún sobreviven algunos peones blancos pero su rey se encuentra desprotegido y se lo ve más vulnerable que años anteriores, el corcel negro lo sabe, él tiene la información al día, conoce de la victoria de su ejército sobre los caballos y alfiles blancos además es sólo cuestión de tiempo que la reina caiga en manos del ejército negro de plástico.

Aunque del bando moreno, extrañen a sus antiguos reyes, mantienen una esperanza de ganar el juego, las pequeñas fichas, tímidas y débiles conocidas como peones, miran hacia el fondo del tablero, observan al rey blanco desmoronarse pero son cautelosos, saben que este no se rinde púes su dama aún persiste. Los peones ven, pero no actúan, tienen que esperan al caballo negro para que les de la orden de atacar o retroceder. Las fichitas no se arriesgan, prefieren confiar en la información de primera mano.

Por otro lado, el jefe blanco sigue vivo, y aprovecha el tiempo que pierden su rival. Rearma su ejército, un montón de peones armados hasta los dientes, pero desordenados por todos los casillero. Será difícil lograrlo, ya que eran los alfiles blancos los que ordenaban a este gran ejército. El monarca sabe que los alfiles han padecido en combate, pues estos eran los más expuestos en el terreno. El rey albo reflexiona, sabe que del otro lado se ríen de él y eso lo enfurece aún más. ¿Será que está vencido?, no, no estoy sometido piensa para sus adentros. Aún puedo hacer daño.

La siguiente jugada es excelente, el rey reorganiza sus fuerzas para combatir al caballo negro. Utiliza a su reina para convencer a las torres. Estas inmensas fichas poseen una ventaja. Conocen más que ninguna otra pieza de de batallas, si bien, en un principio cuando fueron creadas por el rey comenzaron su propia lucha negociando con el enemigo, batalla tras batalla lograron consolidarse en el tablero, se hicieron más altas y más colosales, hasta que conformaron un poder interminable. A pesar de que hoy en día dudan del poder del monarca, aún le son fieles, pues es su tradición defenderlo, para algo fueron creadas.

El paladín negro analiza nuevamente la situación, duda, espera, arremete, pero no logra sosegar la consolidación de la nueva fuerza blanca, la inalienable unión entre el monarca y las torres rearman el plano militar del tablero. La desesperación invade las líneas del ejército negro. Es hora de actuar.

Los peones negros son muy débiles, han sido sometidos por el rey blanco durante décadas, han sido victimas de saqueos y asesinatos. Por otra parte, estos están divididos profundamente, lo único que poseen en común es su orgullo que esta por el piso, será muy difícil para el caballo rearmar su ejército, aunque cuenta con el apoyo de sus alfiles, estos señores se parecen mucho a las torres blancas, conocen el terreno mejor que nadie, puesto a que nacieron aquí y tienen los medios necesarios para defenderse en armas contra cualquiera que quiera arrematarle su poder.

El siguiente paso lo da el ya consolidado ejército blanco. Aunque el rey cobardemente no se encuentra en las filas de los batallones. Aparecen las torres en su lugar, y delante de ellas los peones, las torres pudieron convencer a que se presenten a las armas, unieron a los peones tras falsas promesas de un futuro para sus miserables vidas. Comida y techo les fueron obsequiados para levantar su moral. No es menor tampoco, lo que la reina prometió, si derrotaban al caballero negro y a los alfiles, los peones podrán arrebatarle su fortuna.

Otra vez robos y muertes, el caballo sale mal herido y las perdidas son terribles, esta vez no sólo de cobardes peones morenos, los alfiles también padecieron.

Si un tercero analizara el plano político, social y militar del tablero no tardaría en observar y darse cuenta de que los casilleros, en realidad son un país, las torres blancas un sinónimo de corrupción y degradación, los peones negros unos cobardes, los peones blancos una milicia que no ha perdido una batalla. La reina un juguete de su soberano y es curioso, que en un país lleno de ciegos, un rey tuerto nos gobierne.

Reflexión del día: la gran responsabilidad por la situación es culpa de los “peones”. ¡No se pueden pasar por encima las instituciones!, ningún país es perfecto, pero que la sociedad reaccione saliendo con una cacerola pidiendo más seguridad es increíble. Aquí permitimos inseguridad, poderes extraordinarios a funcionarios públicos, corrupción sindical y empresarial. Pero la sociedad no reacciona, esta sedada, dormida. En Estados Unidos si se les confiscara a la población los depósitos de toda una vida, más de un gerente de banco estaría degollado.

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